CARTA DE UN PADRE A SU HIJA… (versión completa)

Hija mía después de pensar mucho decidí que lo mejor que podía hacer era tratar de escribir sobre lo que no podemos hablar, pues hablando no conseguimos entendernos.

No sé por qué siempre reaccionas de manera airada y violenta cada vez que trato de conversar contigo y muy particularmente cuando me atrevo a comentar algo sobre mis pertenencias o sobre algún artículo o utensilio de los que me traje con la mudanza cuando me vine de Caracas y que deje en la casa de tu Mamá. Siempre que tocamos ese tema tu REACCIÓN es exageradamente Agresiva y no deja de sorprenderme…

Eres una persona adulta, con la edad (36) que yo tenía cuando me divorcié de tu mamá hace más de 20 años. Tú sabes que los enseres y artículos que vinieron con mi mudanza son de mi exclusivo uso y disfrute y que la mayoría era propiedad de mi Mamá, tu abuela, que falleció hace 6 años. Sabes que el motivo de venirme de Caracas fue forzado por la decisión que tomó mi Papá y hermanos de vender el apartamento donde yo vivía propiedad de Mamá. También sabes que yo no estaba (ni estoy) en condiciones económicas de adquirir o alquilar una vivienda y por eso la decisión de traer mis pertenencias para acá contando con la aprobación de tu mamá. Sabes de igual manera que el costo actual de cualquier artículo o implemento del hogar hace prohibitivo su reposición o adquisición. El sentido común indica que nadie va a regalar lo que necesita y menos si no puede sustituirlo, como es mi caso.

El punto es que al irme para Mérida hace tres años deje todas mis pertenencias al resguardo de tu mamá, tuyo y de mi nieto.  Si bien es cierto que accedí por agradecimiento y cortesía a que usaran mi Nevera o a que usaran mis televisores y ventiladores, pues me parecía muy egoísta negarles el disfrute de los mismos, eso no implicaba que me estaba “desprendiendo” de ellos o que los estaba regalando… creo que eso no es tan difícil de entender.

A mi regreso de Mérida, igualmente obligado por situaciones económicas y ser recibido por ustedes en su casa, lo cual agradezco de todo corazón; me encuentro con que parte de mis pertenencias no existen, como la lavadora, los ventiladores, unos televisores pequeñitos; parte de mi ropa desapareció, el televisor que queda lo está usando tu mamá y por razones obvias no se lo puedo pedir, aunque yo tenga ya varios meses sin TV, los controles remotos están averiados o desaparecieron, en fin algo muy incómodo para mí y para ustedes.

Hace tres años cuando yo me fui para Mérida le permití a mi nieto que usara algunos implementos de computación: mi router, cables, conexiones; también el me preguntó si podía usar alguna de mi ropa que allí quedaba y yo accedí… pero no pensaba que sería tomadas por completo todas mis franelas, chaqueta de cuero, accesorios deportivos, raquetas de tenis… y ahora veo que tampoco nada de eso existe o no está a mi disposición… yo por razones obvias no te he hecho ningún comentario sobre mi ropita y si tengo posibilidad lo haría con mi nieto directamente en algún momento, pero realmente lo concerniente a mi ropa ya es irrelevante para mí; no así con mis otras pertenencias…

El caso es que cada vez que voy a usar una olla o una cuchara en la cocina, es motivo de serios conflictos de tu parte querida hija, me has humillado y vejado como has querido, con todas tus fuerzas, desde lo más profundo de tu humanidad, me has tratado como si fuese tu peor enemigo, me has llamado Desagradecido y Egoísta de manera airada con ademanes coléricos (gesticulando como una malandra de barrio), me has negado con tu cara fruncida lo que ofreces con cara risueña a tus amistades, conocidos y a extraños, y yo lo único que he podido hacer es bajar mi cabeza, tragar grueso y aceptar todos tus desplantes y groserías de manera estoica.

Ya que mi partida está próxima, me permito escribirte estas líneas que tal vez algún día puedas leer:

DESAGRADECIDA tu hija querida con tu papá que te vio nacer, que te dio amor, te dio vivienda, te alimentó, te vistió, el que te compró pañales y Leche, el que te compró medicinas y pago todos tus servicios médicos, te compró juguetes en cantidad (no lo recuerdas), el que te educó, el que te consintió como su más preciado tesoro… te di todo lo que necesitabas y más… durante 12 años de manera ininterrumpida y luego te seguí ayudando periódicamente aun estando ya casada y luego divorciada fui yo quién te pagó tus estudios universitarios, quién te ayudó cuando más lo necesitabas…

Y tú me echas en cara tu ayuda de VARIOS MESES, por  unos escasos nueve meses que he estado aquí, y de los cuales pasaba más tiempo en mi trabajo dónde permanecía 14 horas diarias y el resto venía a dormir y a comer, si acaso, un plato de comida. Hasta hace unos días que me quedé sin trabajo.

En estos meses te he visto limpiar la casa varias veces y has sido incapaz de al menos barrer el cuarto dónde duermo.

Eres el ser más irascible, conflictivo y miserable que yo haya podido conocer, y aunque por las circunstancias que vivo estoy impedido de decírtelo en tu cara, al menos lo estoy escribiendo, y así aparte de drenar mi indignación y mi dolor, me queda la ilusión que algún día cuando ya no esté yo aquí, puedas leer estas líneas dedicadas a tu persona.

Me has maltratado y humillado aun sabiendo que además de tu padre, soy un hombre viejo y enfermo, eso lo sabes muy bien pues conoces mi condición de salud, me has acompañado a mis consultas y en muchas oportunidades me has buscado mis medicinas, o sea que estás (o deberías estar) consciente de mi precaria situación de salud, una condición degenerativa y prácticamente en su etapa terminal; sabes que me quedé sin casa y sin trabajo, sabes que estoy aquí porque no tenía otra opción a dónde ir y además tuve la precaución y la decencia de pedir su aprobación antes de venirme… y ustedes pudieron haberse negado a mi petición (hubiese sido más honesto).

Sabes que me estoy muriendo y sabes que no hay otro lugar a dónde pueda irme… entonces me pregunto yo: ¿dónde está tu amor de hija? tu amor y solidaridad con el prójimo en desgracia? ¿Dónde está la caridad Cristiana?

¿De qué te sirven tantos rezos y clases de catecismo? Tanta música cristiana todo el día… ¿Es que acaso esa solidaridad incondicional y extrema con tus gatos te agotó la capacidad de tener empatía y solidaridad con un familiar (tu papá) que está en desgracia y sin más opciones? Sí te menciono a tus gatos, pues veo constantemente como prefieres alimentarlos puntualmente y sin demora, mientras ignoras abiertamente mis necesidades alimenticias o te niegas a comprarme alguna fruta con mi propio dinero argumentando siempre que estás ocupada o muy apurada, siempre la misma respuesta cuando he cometido el abuso o la imprudencia de solicitar tu colaboración, nunca puedes hacerlo, siempre tienes una razón de peso para negarte. Explícame o explícate tú misma: ¿cómo puede ser posible tanta humillación, tanta miseria y tanta maldad en contra de una persona que sabes muy bien en las condiciones en que se encuentra? Dentro de lo que llamamos unos “parámetros estándar de comportamiento y conducta” yo no tengo respuesta a estas interrogantes, así que las respuestas deben estar entonces por fuera  de esos parámetros de conducta, fuera de lo que se considera un comportamiento “normal”…

Yo he tratado de analizar el porqué de esa actitud belicosa y agresiva de tu parte hija querida, he puesto en retrospectiva la “película” de nuestra vida juntos para ver si encuentro alguna explicación a esa vil y miserable actitud de tu parte, a todo ese odio visceral que destilas hacia mí y realmente, desde mi óptica, no consigo tal explicación…

Contigo conviví, o mejor dicho te crié en toda la acepción y extensión de la palabra “Criar” o de la palabra Levantar, Formar, Proteger, Alimentar, “ser tu Papá” pues… desde tu nacimiento, o tal vez antes, desde tu gestación, la cual compartí con tu mamá día a día, como todo padre primerizo, con una gran expectativa por su primer descendiente, rol que pensé haber desempeñado cabalmente, procurándote y satisfaciendo siempre tus necesidades básicas de Amor y Cuidado, alimentación, vivienda, ropa, educación, juguetes, esparcimiento y diversión, tal como lo hicieron mis padres conmigo en su oportunidad, lo hice sin ninguna restricción económica pues yo tenía un buen empleo con un buen ingreso y quizás por el hecho de ser hija única podíamos permitirnos cubrir tus necesidades sin mayor problema, tuviste una vivienda propia y cómoda, tu propia habitación debidamente amoblada, te brinde educación en colegio privado, tuviste tus juguetes y libros, tu ropa adecuada y nueva, tus cuidados médicos: pediatra, ortopedista, oftalmólogo, odontólogo, neurólogo, etc., un buen entorno familiar y social, fines de semana y vacaciones en agradables locaciones, formación extra curricular, lo mínimo que un padre responsable le garantizaría a su hija única y querida hasta que tenías doce años cuando me divorcie de tu mamá. Con este breve recuento no pretendo alabarme como padre, solamente quiero dejar bien claro que tu hija querida disfrutaste de una niñez muy normal, sin limitaciones, sin maltratos ni físicos ni psicológicos o emocionales, sin carencias significativas en la formación de una menor como podría haber sido: quedarte sin casa, no poder comer regularmente, no tener ropa adecuada o carecer de juguetes, no poder estudiar o no tener los útiles requeridos para cumplir con tu educación, en fin tu no sufriste o padeciste absolutamente ninguna situación negativa extrema que hubiese podido marcar tu psiquis y tu desarrollo emocional posterior.

No obstante, al divorciarme de tu madre en 1993 aunque dejamos de vivir juntos, no deje de preocuparme por ayudar en tu manutención, se mantuvo un estrecho contacto, dejé que tu mamá conservara la extensión de mis tarjetas de crédito para cualquier gasto o eventualidad, te mantuve con cobertura de mi póliza de HCM con la cual pudimos hacerle frente a una grave situación de salud que se te presentó en Barinas (1994) y salvarte la vida, al sufrir de Dengue Hemorrágico, te enviaba el costo del pasaje aéreo para que vinieses a Caracas, te iba a visitar a Barinas, te enviaba cajas con comida desde Caracas  e incluso llegamos a pasar vacaciones juntos en Diciembre como lo hacíamos cuando estaba casado con tu mamá, recuerdo que en una oportunidad pasamos unos días muy agradables en el hotel Hilton de Barquisimeto (Diciembre 1993), en otras vacaciones, junto a mi segunda esposa, fuimos a pasar unos días en Patanemo en el edo. Carabobo (Diciembre 1996)

Incluso después que tomaste la decisión de embarazarte y casarte en el año 1997, a los 16 años, te seguí ayudando y te pagué tus estudios universitarios y te ayudaba cuando podía con la crianza de mi querido nieto. Después que te divorciaste en el año 2000-2001, te llevé con tu hijo a vivir conmigo en Caracas por un breve lapso, pero al parecer no se vieron satisfechas tus aspiraciones y expectativas y regresaste a Barinas con tu mamá.

¿A qué viene este recuento? pues simplemente a que yo “devuelvo la cinta” de mi vida para tratar de encontrar alguna explicación lógica o alguna justificación a tu comportamiento y a tu actitud hacia mi persona, y no lo encuentro…

Estás siempre en una constante confrontación, siempre en un tono beligerante, siempre a la defensiva-agresiva, siempre imponiendo tu criterio y voluntad por encima de lo que sea, siempre expresando y aseverando que yo tengo algo en tu contra, que yo guardo cierto rencor en tu contra!!!!!!! e incluso retándome en tu propia casa (donde estoy como “refugiado”) a que “suelte lo que tengo por dentro” (textualmente).

También me has dejado caer perlitas como: “que yo todo lo veo a mi conveniencia” o como en otra oportunidad a aseverar lo que supuestamente yo estoy pensando, como por ejemplo: “que no salgo del cuarto para decir que ustedes son malas”… cuando la verdad es que si no salgo del cuarto es porque o me siento indispuesto o porque trato de no “hacerme notar” y respetarles su espacio y su vivienda, dónde yo veo que soy un intruso, dónde soy tratado como un ser despreciable y pestilente por ustedes. Me niegas la comida, privilegiando la alimentación de tus queridos gatos, me sirves (o me echas) la comida con mezquindad en un plato y me la entregas para que coma encerrado en el cuarto y no perturbe tu tranquilidad (y yo así lo acepto), comida comprada en parte con lo que yo humildemente puedo colaborar en la medida de mis posibilidades… eso no se le hace a un padre hija mía, eso habla muy mal de ti y también de mi por aceptar esta humillante situación.

Realmente toda esta situación me produce angustia y decepción, mucho dolor y una gran depresión. No es fácil comprobar que tú mi única hija, así lo considero yo, pues aunque tuve otra hija biológica, a esa “hija” yo no la crié, ni siquiera la conozco, salvo sus diez primeros meses de vida; así que aunque tengo dos hijas biológicas (y no lo niego), te considero a ti como mi “única hija”, hija de crianza, te vi crecer, te di Amor, por haberte alimentado, darte educación… en fin una relación Padre-Hija que yo veía como normal pero que aguas abajo veo que no fue así…

Pareciera que ustedes me daban por muerto al irme a Mérida, o así lo hubiesen preferido… pero ustedes sabían que estaba vivo pues mantuvimos comunicación constante e incluso estuvieron visitándome, disfrutando y compartiendo conmigo varias veces.

Solo puedo terminar expresando que no hubiese deseado tener que escribir estas líneas y entonces aprovecho las mismas para decirte que no guardo rencor en tu contra hija mía, yo te perdono por todos tus desplantes y groserías contra mi persona y creo habértelo demostrado con mi actitud inalterable hacia ti, siempre consecuente contigo, mientras Él Señor lo permita podrás contar conmigo hijita y solo Dios sabe lo difícil y amargo de esta incómoda y difícil situación a estas alturas de mi vida.

Que Dios te Bendiga, te Ampare y te Favorezca hoy y Siempre.

Tu Papá.

V.F.

CARTA DE UN PADRE A SU HIJA…

Barinas, 22 de Octubre de 2017

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