II – ¡TENGO HAMBRE!

                      ración diaria de sopa

En estos difíciles momentos que estoy pasando, siempre recuerdo una frase que a veces se nos ocurría decir cuando éramos niños: “tengo hambre”… y la decíamos más que por su verdadera connotación o significado literal de SENTIR HAMBRE… la decíamos por aburrimiento, por fastidiar o para hacernos notar por nuestros Padres o por las empleadas que nos atendían.

Debo mencionar que me encuentro cercano a completar mi sexta década de existencia, es decir que al mencionar mi infancia estoy hablando de una Venezuela en los años ’60 y ‘70 del siglo pasado, o sea de la época de la “Venezuela Saudita”, estoy hablando de un país radicalmente opuesto al que tenemos actualmente, donde también había sectores de la población que tenían pobreza y necesidades, pero había una expectativa positiva, una esperanza de un futuro mejor, la capacidad de poder superarse y la posibilidad de solucionar los problemas en base al esfuerzo propio, a la capacitación y al trabajo.

MATRIMONIO Torres van Grieken

Vengo de una familia caraqueña por su lugar de domicilio en la ciudad de Caracas y netamente andina por el lugar de nacimiento de mis progenitores;

Papá Víctor Manuel Torres Torres 1.959

Mi Padre: Víctor Manuel Torres Torres (1932), Profesional militar, Administrador y ganadero exitoso, que desciende de una modesta familia andina (merideña), hijo de:

   Don Hidebrando y Doña Ma. Inocencia Torres –          Abuelos Paternos

Don Hildebrando Torres Carrillo maestro de escuela y doña Maria Inocencia Torres Guillén ama de casa quién falleció muy joven cuando Papá era apenas un niño de unos 7 años, por lo que prácticamente fue criado por sus hermanas mayores y debió luchar duro desde temprana edad, trasladándose a Caracas para ingresar a la vida militar y logró labrarse a fuerza de estudio, arduo trabajo y algo de suerte una respetada posición social y una holgada situación económica:

 

Mi abnegada Madre: Julia Teresa van Grieken Landaeta (1931-2011),

ama de casa de origen andino (tachirense), rica de cuna, de alta alcurnia; hija de

Doña René “Renecita” Landaeta Manucci

(quién a su vez fue la única hija del Gral. Lope Landaeta, General del siglo XIX

y de Doña René Manucci de ascendencia italiana, mis bisabuelos maternos)

Don Federico van Grieken
           Abuelo Materno

y su padre Don Federico van Grieken, militar, bohemio y aventurero Falconiano descendiente de inmigrante Holandes, venido de Rotterdam,

            DCH van Grieken

Domingo Cornelio Hermann DCH van Grieken “Papá Viejo”

Mamá nació en una familia de hacendados cafetaleros de Rubio, edo. Táchira de comienzos del siglo XX, dueños de grandes haciendas exportadoras de café: La Renecita, La Alquitrana entre otras, quienes disfrutaban de una muy buena situación económica pero con el tiempo venida a menos por los avatares de la vida.

En mi caso tuve la dicha y suerte de haber nacido y sido criado en una familia de clase media alta, con una sólida posición económica.

Nací en Caracas, en la clínica Luis Razetti, un 11 de Agosto de 1959, fui el primero de tres hermanos. Vine al mundo “ochomesino” (prematuro de ocho meses de gestación) y cianótico (síndrome de distrés respiratorio), pesando menos de 2 kgs., lo cual hizo que tuviese que pasar el primer mes de vida en una incubadora y con todos los cuidados médicos requeridos por un neonato con esas condiciones en esa época del siglo pasado.

Realmente no era muy alto el porcentaje de sobrevivencia para un bebé en esas condiciones en aquella época y así lo evidencia el caso del tercer hijo de John F. Kennedy y Jacqueline Bouvier Kennedy, llamado Patrick, quién nació unos años después (1963), con las mismas condiciones que nací yo, prematuro de ocho meses y con síndrome de distrés respiratorio; sin embargo falleció a los dos días de nacido, con todos los cuidados y asistencia médica que pudieron brindarle a un descendiente de la pareja presidencial del país más poderoso del mundo y a su vez pertenecientes al conocido y adinerado Clan Kennedy.

Este recuerdo me hace recapacitar sobre la enorme Fe de mi querida madre Julia Teresa en el Dr. José Gregorio Hernández, así como a la positiva intervención milagrosa y divina de parte del Siervo de Dios (para mí Santo) a quién Mamá encomendó con devoción y fe mi vida y cuidado, logrando así salir del difícil trance, con lo que yo considero fue un Milagro del Dr. José Gregorio Hernández, y por lo que Mamá decidió bautizarme con tres nombres: Víctor Federico Gregorio, esté último en honor al Milagroso Médico y Siervo de Dios. Todo esto aunado a los amorosos y rigurosos cuidados que me brindó mi querida progenitora en esos primeros días de vida: un mes en incubadora, atendido por los mejores médicos de la clínica Razetti, el cuidado de una enfermera privada durante esos primeros meses, sus oraciones y peticiones (felizmente escuchadas) por la vida de su primogénito, permitieron mi sobrevivencia en esas adversas condiciones de mi nacimiento.

Yo formé parte de un núcleo familiar de cinco integrantes, Papá, Mamá y dos hermanos, mi hermano Julio César (1961), mi hermana Elizabeth Coromoto (1964) y yo Víctor Federico Gregorio (1959), también nació otra hermanita, que falleció a las pocas horas (o días) de nacida y que bautizaron Zoraya René. De esto conservo pocos recuerdos pues apenas yo tendría unos seis (6) años cuando esto sucedió. Solo tengo memoria que fue bautizada en la misma clínica por el sacerdote que acudió por solicitud de mis padres.

Crecí en un entorno económicamente solvente, sin conocer (gracias a Dios) ningún tipo de limitaciones económicas, acostumbrado a vivir en medio de una bonanza económica, en buenas casas, con todas las comodidades, rodeado de un “staff” de empleadas a nuestra disposición: cocinera, servicio de adentro, niñeras… donde se comía hasta cinco veces al día, con la cantidad de comensales que se encontrarán para el momento de la comida, familiares, amigos, empleados… sin restricciones: desayuno, media-mañana, almuerzo, merienda (a la carta), cena… donde disponíamos de una alacena siempre repleta de comida, galletas, dulces, delicateses y demás chucherías… de una nevera de 22′ siempre llena de carne, pollo, frutas, refrescos, helados, charcutería y quesos, dulces, un bodegón con todo tipo de licores, es decir un aprovisionamiento que haría morir de “envidia” a muchos negocios de la Venezuela del año 2017.

A veces me avergüenza hoy en día, recordar esos días de opulencia de mi lejana infancia y que yo consideraba como algo muy normal en mi ingenua mente de niño pequeño burgués, pues por haber vivido siempre en ese entorno lo veía como algo normal, tener cubiertas todas nuestras necesidades básicas (y no básicas) e incluso en estos difíciles momentos llego a sentir que tengo merecido el probar la “otra cara de la moneda” es decir el hambre y la miseria en que me encuentro actualmente…

Quta. ELIZABETH COROMOTO  en la  Urb. LA LOIRA – El PARAISO – CARACAS

En mi infancia me acostumbré a vivir en una buena quinta en una buena urbanización de El Paraíso en Caracas, disfrutar de comida en abundancia, tener siempre ropa nueva y a la moda, estudiar en buenos colegios privados, éramos socios de clubes privados: Playa Grande Yachting Club, Junko Country Club, Círculo Militar, Club Paso Fino, teníamos apartamento de lujo en la playa, una extensa finca con caballos y ganado en los llanos guariqueños, solíamos viajar al exterior un par de veces al año, teniendo la dicha de conocer muchos lugares del mundo, acostumbrado a tener vehículos familiares de lujo (dos Mercedes Benz), camionetas, Jeeps y Pick-Up (para la finca) y siempre de años recientes, tener siempre perros de raza como mascotas, así como los juguetes de moda que se nos antojaban, patines, patinetas, triciclos, carros eléctricos, bicicletas, equipo de Beisbol, equipo de buceo, balsas y colchones inflables, raquetas de Tenis, pistas de carritos eléctricos y pare de contar… lo cual convertía a nuestra casa en el lugar preferido de nuestros amigos de infancia, luego vinieron mini-motos, motos, Caballos de Paso, mi primer Toyota Land Crusier Full equipo a los 17 años como regalo de graduación…

Realmente Yo era un privilegiado de nuestra sociedad y parecía no estar consciente de tales beneficios por verlos como algo inherente a la condición de ser “hijo de Julia y Víctor Manuel” o por ser “miembro de la familia Torres van Grieken”…

Por decirlo en las palabras de mi Papá: “yo fui criado como un niño rico pero ya no soy ni niño ni rico” (y yo le agrego hoy en día: ahora soy viejo y pobre)

Volviendo al título de estas líneas, era necesario realizar esta acotación sobre mi infancia para entender lo absurdo y sin sentido que un niño con el perfil descrito pudiese decir: “¡¡¡¡Tengo hambre!!!!”

Pero lo cierto es que mi hermano menor Julio César y yo lanzábamos esa frase producto quizás del aburrimiento o tal vez (pienso hoy) del exceso de atenciones que nos prodigaban nuestros progenitores y la servidumbre encargada de atendernos.

El caso es que nuestro Papá, quién como mencioné provenía de una humilde familia Merideña, que había quedado huérfano de madre (mi Abuela paterna Ma. Inocencia Torres) a muy temprana edad, con un Padre (mi Abuelo paterno Don Hildebrando Torres Carrillo) que era un humilde maestro de escuela y había enviudado con nueve hijos…

Papá si estaba muy consciente que había una vida muy dura y diferente a la que yo estaba acostumbrado, y aunque él había logrado superarse y alcanzar su actual posición económica, nunca dejaba de recordar sus duros y difíciles años de infancia.

Cuando decíamos “Tengo Hambre” él se nos quedaba mirando con la seriedad que le caracteriza y nos decía de manera determinante:

“Ustedes no saben lo que es tener hambre”…

“Ustedes no saben lo que significa esa palabra”…

Y comenzaba a contarnos partes de su infancia merideña, esa parte de su vida que nosotros no conocíamos, y lo que verdaderamente significaba la expresión: ¡¡¡¡TENER HAMBRE!!!!

Siempre recuerdo una anécdota que solía contarnos de su niñez, cuando lo único que tenían un día para comer era plátano sancochado, y un hermano suyo (el tío Marcial que murió siendo un niño tal vez de tuberculosis) le decía que no masticara el plátano: “Víctor no lo mastique, trágueselo entero para que sienta como si comió bastante”…

Nosotros lo escuchábamos con atención pero sorprendidos y siempre nos quedaba la duda si tal vez aquello que Papá nos contaba solo se trataba de una fábula “didáctica y pedagógica” para enseñarnos el verdadero valor de las cosas en la vida.

Cuando llegaba el inicio de un nuevo año escolar y le presentábamos nuestras interminables listas de libros y útiles escolares que debían comprarnos, solía contarnos que sus primeros cuadernos eran hechos con los recortes del papel periódico que desechaban en la imprenta y ellos lo recolectaban, lo cosían para pegarlos y hacer una especie de libreta. También nos contaba como recolectaba botellas viejas de vidrio para venderlas y así colaborar con la menguada economía familiar.

Las anécdotas del lado materno eran diferentes, nos contaban sobre como mi abuela había viajado en barco a Curacao y a Europa siendo una pequeña niña de comienzos del siglo XX, toda una odisea para la época, también comentaban sobre sus viajes vacacionales familiares a “temperar” en unas aguas termales o sus visitas a la cercana Cúcuta y Pamplona, o sobre los recuerdos de como salían los costales (sacos) de café para exportar a Europa con un rótulo que decía “La Renecita” Only Export y sobre el gran movimiento de personas y empleados en torno a las actividades en las Haciendas.

La hermana mayor de mi Mamá, mi querida Tía-Madrina Josefina van Grieken Landaeta solía comentarnos una anécdota que siempre recuerdo: como ellas eran cuatro niñas, las cuidaban en exceso y las “resguardaban” en su casa a las 06:00 pm para protegerlas del sereno nocturno; el caso es que no conocían la oscuridad de la noche. Hasta que cuando tenía como doce años tuvo la osadía de salirse de su cuarto y desde el patio interno pudo ver el anochecer, quedando extasiada con la luna y las estrellas. Había conocido La Noche…

Mi Mamá también comentaba que mi Abuela René para evitar que las niñas salieran a la calle, les contrató una maestra privada, la srta. Rosita, quién en una especie de colegio dentro de su casa, les impartió sus primeras letras y nociones elementales. Mas tarde al crecer irían al colegio de las monjas en su natal Rubio.

Es decir que las anécdotas familiares se situaban en los dos extremos del espectro social y económico.

Hoy en día a mis casi sesenta años de vida y habiendo pasado por innumerables situaciones de todo tipo:

por una infancia y adolescencia muy felices enmarcadas en la comodidad de una familia económicamente solvente, algo “disfuncional” pero dentro de los parámetros de una familia consolidada, tuve una adolescencia y juventud alegre y algo disipada, una educación universitaria variada, inconclusa pero fructífera, disfruté de viajes familiares por Venezuela y al exterior, mis primeros amoríos…, inolvidables fiestas familiares, grandes bailes en los clubes sociales, fines de semana paradisíacos…, un primer matrimonio a muy temprana edad, (del que nunca me arrepentiré y en el que fui muy feliz) a los 19 años con

Gretty Josefina Hernández Fonseca (1961) desde 1978 hasta 1993 de donde nació

mi hija Vanessa Josefina de La Coromoto (1981)

Tengo un nieto adorado: Luis Manuel (1998) que me dio como regalo de cumpleaños mi hija mayor Vanessa, un 11 de Agosto de 1.998 cuando apenas cumplía yo 39 años de edad.

Años más tarde vino el segundo matrimonio a los 36 años con

Crisaurhilsy Gutiérrez Meléndez (1968) desde 1995 hasta 1999,

de donde nació Valentina de Jesús (1998) a quién solo tuve a mi lado hasta que tenía 10 meses de nacida pues me separé y luego me divorcié de su mamá y no volví a tener contacto con ellas, es decir que no conozco a mi segunda hija, solo en fotos de redes sociales e internet a partir del año 2008 y algún eventual contacto (2016 – 2017) con su madre por redes sociales y whatsapp…

Ese es un dolor muy grande que me llevo en mi corazón y en el alma…

Tuve muchos romances, algunos durante mis matrimonios y otros después de ellos, unos de grata recordación y otros no tanto, podría nombrar entre los de muy gratos recuerdos a María Elena Bandres o a Italina Mendoza,

quienes siguen siendo mis grandes y entrañables Amigas al día de hoy, o mi relación “tormentosa” con

Julieta Milagros Verde Esteves durante casi 10 años, desde el año 2001 al 2012 (con períodos de interrupción) una relación de Amor-Odio muy singular y atípica, pero no por ello menos significativa en mi vida, así que no puedo dejar de recordarla y sobre todo de agradecerle a Milagros el haber estado a mi lado cuando me tocó recorrer el difícil camino de mi condición de salud, donde ella se involucró de manera incondicional a mi lado durante largo tiempo, así como en su colaboración para atender a mi Mamá en su enfermedad y vejez.

Tuve una carrera laboral de más de 30 años de trayectoria ininterrumpida, logré constituir mi propia empresa, conocí muchos éxitos y algunos fracasos.

Atravesé por problemas de salud severos, el más duro de ellos fue cuando me diagnosticaron como VIH POSITIVO aquel Diciembre de 1.999, estando en Barinas, diagnóstico que tomé como una sentencia de muerte inminente en ese momento, pero que con el transcurrir de los años y en la medida que aprendí a “convivir” con esa condición de vida me di cuenta que la muerte solo llega cuando debe llegar y solo Dios sabe cuándo será ese momento… como leí en algún lado: “Cuando te toca ni que te escondas y cuando no toca ni que te pongas”

Actualmente en el año 2017, tengo diez años bajo tratamiento Antirretroviral, con una excelente adherencia al mismo y una carga viral indetectable. Gracias a Dios me encuentro asintomático y aparentemente gozando de buena salud.

Con los graves problemas actuales que hay en el país no sé por cuánto tiempo más nos puedan asegurar el tratamiento sin costo que nos suministra el Ministerio de La Salud, pues ya hemos tenido algunos problemas de desabastecimiento y en otros casos de cambios en el esquema de los medicamentos producto del citado desabastecimiento.

Debo agregar que mi diagnóstico como seropositivo me permitió conocer otras facetas de la vida que nunca había transitado, me enseño a ver la vida de una manera diferente, a apreciar las pequeñas cosas y a vivir cada día con la intensidad de que pudiese ser el último día de mi existencia.

He tocado fondo por diversas circunstancias, por razones sentimentales, por conflictos existenciales, por razones de salud, por situaciones económicas, a veces muy buenas y a veces mala, transite por los excesos del derroche de dinero, sexo desenfrenado, alcohol y drogas, también en mi vejez he estado desempleado, sin producir ni un centavo, sin vivienda propia, sin comida, sin medicinas, sin vehículo, sin afecto y con una salud muy comprometida… en fin un amplio abanico de vivencias que se mueven entre lo sublime y lo ridículo, entre lo real y lo absurdo, entre los gratos recuerdos del pasado y los terribles temores del oscuro presente… y un futuro incierto… si lo hay…

(continúa)

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