V – Lo Que No Te Mata Te Fortalece

Nuevamente para Barinas…

Cuando sentí que ya no podía seguir viviendo en mi amado páramo, había tomado la decisión de poner fin a mi vida en la misma zona en que había vivido tan plácidamente estos últimos años.

No sé si por temor a Dios, por cobardía o por la paz que me trasmitían aquellos escenarios y parajes, nunca llegué a consumar mi plan de suicidio en el páramo y en cambio decidí aceptar la ayuda que me ofrecían mi hija y su Madre y venirme a Barinas, como en efecto lo hice el Martes 30 de Mayo, cuando con todo el dolor de mi corazón recogí todas mis pertenencias y me vine nuevamente para Barinas con el amargo sabor de la derrota y el fracaso nuevamente en mí pecho.

Digo nuevamente, pues en mi vida el “irme a Barinas” tenía un significado traumático, cargado de dolor, derrota, fracaso que acompañaban siempre esta decisión de traslado y voy a explicar el porqué de este significado…

En el año 1978, en el mes de Marzo, cuando estaba recién casado con mi primera esposa Gretty, debí abandonar mi casita materna en Caracas y emprender una migración forzada hacia Barinas (Barinitas específicamente) durante casi dos años por esas tierras llaneras. Fue un período de “Luna de Miel” inicialmente y luego de adaptación y aprendizaje a la vida fuera del hogar materno, lejos de todas las comodidades y atenciones a que estaba acostumbrado. Pero también fue un bonito aprendizaje para convivir con otra familia (mis suegros), en otras latitudes, comenzando la vida en pareja, que aunque muy jóvenes buscábamos formar un hogar y una familia.

De allí Gretty y yo nos mudamos para Barbasquito la finca de mi padre en Sta. Ma. de Ipire, edo. Guárico, donde estuvimos un corto período para finalmente residenciarnos en Caracas, donde vivimos muy felices y formamos una hermosa familia desde mediados del año 1980 hasta Abril del año 1993. En ese período nació mi primera hija Vanessa Josefina, el 25 de Enero de 1981. Fueron unos años hermosos de convivencia y disfrute en un verdadero núcleo familiar.

Luego vendría mi separación de Gretty y un corto período de “soltería” en el mismo apartamento que había convivido con mi primera esposa.

En ese período conocí a la que sería mi segunda esposa Chris, con quién me casé en Agosto del año 1995 y me mudé para Barquisimeto, donde traté de emprender una segunda oportunidad, una nueva familia, sin mucho éxito, pues nos divorciamos en el año 1999. De esa unión nació mi segunda hija Valentina de Jesús, el 31 de Marzo de 1998. Esta unión resultó un verdadero fracaso como esposo y como padre, pues no solo me divorcié en menos de cuatro años, si no que tuve una hija a la que apenas pude ver hasta que tenía 10 meses de nacida y más nunca supe nada de ella, hasta el día de hoy que apenas he tenido alguna información y fotos por vía de las redes sociales, pero ningún contacto físico, “cara a cara” y en tiempo real con ella… Algo de lo que me siento realmente avergonzado y sumamente afectado emocionalmente por este vacío paterno-filial. Es un gran dolor que me llevo en un oscuro lugar de mi corazón.

En el año 1999, en el mes de Junio, cuando vivía en Barquisimeto y me separé de mi segunda esposa Chris, también tuve que trasladarme hasta Barinas y abandonar allí todos mis enseres, mis pertenecías y mobiliarios, pues no tenía a donde trasladarme, ya que mi apartamento en Caracas se encontraba alquilado y se negaban a desocuparlo. Hasta mi vehículo lo dejé abandonado en un taller en Barinas y emprendí mi regreso a Caracas el 22 de Diciembre del año 1999 en un viejo taxi con un televisor y dos maletas como mis únicas pertenencias, pero con una gran diferencia, pues me iba a casa de mi querida y adorada Madre en Montalbán donde me residenciaría hasta Agosto del año 2014.

Allí tuve gratas vivencias al lado de Mamá, también hubo fricciones y choques por nuestras diferencias, me tocó verla decaer producto de su enfermedad, perdida de su capacidad cognitiva, su evidente deterioro físico se fue apoderando de una mujer de una gran fortaleza que siempre fue mi protectora incondicional… todo eso desapareció progresivamente y fue muy duro perderla primero cognitiva y afectivamente y luego años después su perdida física.

De Montalbán, Caracas salí nuevamente con destino a Barinas, el 04 de Agosto del año 2014, con mi carrito cargado de equipaje y un par de camiones 350 que había enviado previamente con todas mis pertenencias y mobiliarios, otra vez para Barinas…

En Barinas permanecí un poco menos de tres meses y en Octubre del año 2014 emprendí mi aventura solitaria por los páramos merideños. Allí me convertí, otra vez, en un Lobo Estepario…

Ahora nuevamente en el año 2017, en Junio debí trasladarme desde Santo Domingo, edo. Mérida hasta Barinas, nuevamente con las “tablas en la cabeza”… sin vehículo, sin dinero, sin salud y con muchos años encima como para emprender un nuevo “comienzo”…

Algo nada alentador para una persona de mi edad (58) con mi condición de salud y con una precaria situación económica, en un país devastado por una crisis política, económica y social sin precedentes en nuestra historia reciente y que se agrava día a día de manera exponencial.

Es por lo antes expuesto que tengo en mi percepción la amarga experiencia de los traslados a Barinas como algo siempre traumático y doloroso, de los que gracias a Dios he logrado salir con bien y fortalecido como el Ave Fénix, pero que no estoy seguro que sea así en esta oportunidad.

Veo el entorno actual que me rodea, la situación caótica que vivimos en el país, la difícil situación por la que atravesamos la gran mayoría de los Venezolanos y en particular la situación en que me encuentro yo: sin casa, sin vehículo, sin afectos, sin cariño, viejo y enfermo… entonces siento que ya nada tiene sentido, que todo se va desvaneciendo “como el agua entre mis dedos”…

No estoy seguro cuál será el desenlace de toda esta trama que se llama “mi Vida” pero si sé que estoy muy abatido, triste y deprimido, cansado de tanta miseria y soledad… no sé qué me depare el destino o que tenga reservado para mí… tan solo le pido a Dios que me ayude a salir de esta situación de la mejor manera posible, a ponerle fin a todo este sufrimiento en que se ha convertido mi exigua existencia, a terminar con esto de la manera menos traumática posible, que me ayude a no sentir más hambre, a no sentir más miedo, a no sentir más dolor, más angustia, más incertidumbre… en fin a dejar de “vivir muriendo”…

(Continúa…)

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