VI – No Hay Peor Cuña Que La Del Mismo Palo

Cuando repito esa frase y me remito a mi estado actual no puedo menos que reconocer lo asertivo y certero de la sabiduría popular y de su refranero tradicional.

Al llegar a mis 58 años de existencia y luego de varios años, diecisiete (17) para ser exacto, sobreviviendo a una severa condición de salud degenerativa, irreversible y estigmatizante, durante los cuales he tratado de “crecer” espiritualmente y deslastrarme del ego y de todas aquellas actitudes negativas y repudiables con las cuales conviví las primeras cuatro décadas de mi vida, y de las que sin duda tuvieron que padecer y sufrir todas las personas que estuvieron cerca de mí a lo largo de ese período, entre esas personas puedo mencionar a los más importantes: mis padres, hermanas, hermano, abuela, abuelo, tías y tíos, primas y primos, esposas, hija, amantes, suegros, cuñados, cuñadas, compañeros de estudio y de trabajo, empleadas, conocidos, amigos en general, y a todos los que me conocieron en ese período de mi vida y a quienes aprovecho para ofrecerles desde el fondo de mi corazón mis más sinceras disculpas por todo lo que debieron soportar, por mi equivocada actitud ante la vida y ante mis semejantes, no encuentro palabras para pedirles perdón por todo lo que por error u omisión de mi parte pudo haberles perturbado o afectado a sus vidas, solo puedo repetir: Perdón, Perdón, Perdón y Gracias, Gracias, Gracias…

Al escribir el párrafo anterior quedo meditando sobre como una persona con un numeroso círculo de amistades, algunas de más de 50 años de amistad ininterrumpida, o sea desde mi niñez, con compañeros de estudios, colegas y compañeros de trabajo, que durante casi 40 años que me reiteran su estima y aprecio, con un nutrido número de relaciones sentimentales y affaires durante mi vida y que aún mantengo contacto con algunas de quienes fueron mis parejas, en fin con un “record de vida” que pareciera tender más a lo positivo que a lo negativo, sin haber tenido nunca algún problema con la justicia ni con las autoridades, ni haber sido nunca privado de mi libertad por algún motivo judicial o policial; con una vida ordenada y tranquila, dentro de los parámetros de lo que Herman Hesse llamaría una vida burguesa, sin mayores altibajos, ¿cómo esa persona (yo) puede sentir que “actuaba mal”? o que mi actitud hacia mis semejantes era inapropiada… pues después de meditarlo llego a la conclusión que de haber sido una mejor persona de lo que realmente fui, tendría una mejor resultante neta de mi vida, tal vez tendría una pareja a mi lado o una hija cariñosa con quién poder contar y con quién compartir a “estas alturas del juego”… Tal vez conservaría mi casa propia y no me encontraría en mi situación actual. Al menos tendría un mejor “record de Vida” que el que se puede evidenciar actualmente.

Tal vez no fui lo que otros llaman una mala persona, estoy seguro que no he sido un delincuente, ni nada por el estilo; pero por el camino que me ha tocado recorrer con el transcurso de los años, aprendí que siempre podemos ser mejores personas y que siempre podemos CRECER espiritualmente en nuestro propio beneficio y el de nuestros semejantes.

Cuando comenzaba a sentir que había logrado ciertos avances en ese auto-conocimiento, en esa búsqueda de ser una mejor persona, un mejor ser humano, con más humildad y menos ego, cuando sentía haberme deslastrado de todas aquellas actitudes pedantes, fatuas, negativas y egoístas, cuando comenzaba a sentir que él hombre y él lobo dentro de mí estaban reconciliados y habían aprendido a convivir, cuando sentía que ya podía marcharme en paz conmigo mismo, que podría trascender a otro nivel sin tanta carga negativa en mis hombros…, justo ahora, me toca enfrentar una difícil y dura prueba… tal vez será por aquello de que “las pruebas más duras y difíciles aparecen siempre al final del camino, cuando estamos próximos a trascender a otro nivel, a otro entorno más amplio de consciencia, pues para pasar ese umbral debes hacerlo libre y limpio”… esto suena muy convincente y razonable, no obstante pareciera que más que duras pruebas, sea un verdadero suplicio, un castigo ejemplar que debo purgar por todas mis equivocaciones cometidas durante mi existencia, es decir un verdadero purgatorio o tal vez el mismo Infierno aquí en este plano existencial, o sea que se cumple otro adagio o dicho popular: “Lo que aquí se hace, Aquí se paga” ahora puedo decir que nada más cierto que eso, así como el título de este capítulo de mi vida: “No hay peor cuña que la del mismo palo”…

Después de pasar un período de casi tres años entre Montañas y Frailejones, en el páramo andino, un período que podría considerar como una de las etapas más tranquilas y felices de mi vida, me tocó por razones económicas ponerle fin a ese ciclo de mi vida y retornar a una zona que nunca ha sido para mí de grata recordación, ni de placentera estadía, me refiero a la población de Barinas…

“Linda Barinas” dice una canción que escribió Don Eladio Tarife (QEPD), un barinés enamorado de su terruño llanero y que no pongo en duda que sea linda para quienes así la consideren, pues todo depende de la óptica con que se miren (y disfruten) las cosas y las situaciones en la vida.

A mí no me ha tocado fácil cuando he tenido que estar “temporalmente” por estos lares y tal vez por eso no tengo una buena percepción de esa población llanera y sobre ese punto ya escribí con detalle en otro capítulo de esta narrativa sobre mi vida, así que no voy repetir lo ya narrado con lujo de detalles en anterior oportunidad.

Lo que sí es muy cierto es que nada de lo narrado de mis anteriores estadías que me ha tocado vivir en Barinas se puede comparar a lo que estoy pasando en esta oportunidad.

Al regresar del páramo sabía que no sería fácil mi adaptación a este hábitat, desde el punto de vista del clima y confort, incluyendo la tranquilidad espiritual que había conseguido en mi estadía en Santo Domingo. Pero realmente no tenía idea de lo que realmente me esperaba…

Así que citando a El Principito uno de mis libros y personaje preferidos, puedo agregar sobre mi regreso del páramo:

“¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí huir de allí!”

Me vine a Barinas porque no tenía ninguna otra opción, sin dinero, sin vehículo, sin mucha salud… solo podía llegar hasta aquí, a la casa de mi hija y de su mamá, la casa a donde me traje y deposité todos mis enseres y pertenencias cuando me vine de Caracas hace tres años, pensando que allí estarían a buen resguardo y que al momento de necesitarlos estarían a mi disposición o incluso facilitarían una eventual estadía en esa casa… pero definitivamente estaba totalmente equivocado y hoy en día puedo saber lo errada de mi decisión.

En mis últimos días en Santo Domingo y al ver que se acercaba el final de mi estadía en la posada Las Morochas le pedí telefónicamente a mi hija Vanessa que le consultara a su mamá si tenía algún problema en recibirme por unos días en su casa, a lo que siempre respondía que no había problema, que podía venir sin ningún inconveniente por parte de ambas.

La realidad es que mi llegada y estadía en esa casa ha sido verdaderamente traumática y desalentadora, por decir lo menos. De haber vislumbrado el más mínimo indicio del suplicio y la humillación a que me encuentro sometido por estar en esta casa, confieso que nunca se me hubiese ocurrido traerme mis pertenencias cuando salí de Caracas en el año 2014, y así hubiese evitado tener que venirme hasta aquí a mi regreso del páramo andino. Hubiese preferido quedarme en situación de calle, esperando dormir donde me consiguiera la noche o hubiese sido preferible tomar de una buena vez la tan manoseada idea del “Fast Track” y ponerle fin a todos mis problemas de una manera más decorosa y menos humillante.

Yo conservaba gratos recuerdos de mis largos años (15 ) de matrimonio con Gretty, e incluso siempre sentía que nunca la había dejado de querer, aunque después de nuestro divorcio me volví a casar y tuve otras relaciones sentimentales, siempre consideraba que ella había sido y sería por siempre la mujer de mi vida, y lo demuestra mi actitud hacia ella, ayudándola cuando podía, teniendo siempre alguna atención con ella, tratando de colaborar y apoyarla moral y económicamente cuando la situación así lo ameritaba, obsequiándole detalles personales para su disfrute: ropa, computadora, prendas, celular, etc.

Debo confesar que me hubiese agradado conservar intacto dentro de mi ese sentimiento pero lamentablemente dicho sentimiento se desvaneció con esta última aproximación, debo acotar que cuando hablo de “aproximación” me refiero a estar en la misma casa pero en habitaciones diferentes y sin ningún intento de reconciliación ni de aproximación sentimental (ni de ninguna índole) por parte de ninguno de nosotros.

Esta convivencia me sirvió para comprobar que los recuerdos que yo conservaba de Gretty solo estaban en mi mente y que aquella mujer que conocí desde niña, y de quién atesoraba gratos recuerdos, había desaparecido y se había transformado en un ser irreconocible, en un ser despreciable y vil, que solo le importa el dinero, lo material… en una hiena perversa que es capaz de despojar a cualquiera de sus pertenencias para satisfacer sus intereses y los de su manada, léase hija y nieto…

Tan cierto es esto que todas mis pertenencias y enseres que dejé en su casa cuando me trasladé de Caracas: Nevera, Lavadora, Juego de cuarto, Muebles, televisores, ventiladores, equipo de sonido, lámparas, gabinetes, sábanas, paños, ollas, cubiertos, etc., etc. se niega a entregármelos o al menos a permitirme que disfrute de ellos… la mayoría de estas cosas ya no existen, los destrozaron, los rompieron, los vendieron, se desaparecieron!!! Mi ropa y mis efectos personales, implementos deportivos, accesorios de computación, libros, CD y películas se perdieron, los botaron o los vendieron…acabaron con todo en menos de tres años, y las que quedan como es el caso de mi nevera o un televisor de mi propiedad, se aferra a él como lo hace una hiena al robarle una presa de su propia cacería a otro animal…

La resultante es que estoy en una habitación, durmiendo en una colchoneta, habiendo traído un juego de cuarto completo que perteneció a mi Mamá y el cuál se encuentra en una habitación llena de gatos, todo destrozado por esos animalitos, el colchón roto, hediondo y lleno de pelos de gato, sin ventilador, pues el único que queda lo tienen los gatos en su cuarto, sin televisor, teniendo uno que me pertenece, pero como el de ellas se dañó (como todo en esa casa) argumentan que necesitan mi televisor… y me preguntan de manera retadora que si se lo pienso quitar… a sabiendas de cual será mi respuesta por encontrarme “alojado” en su casa, solo les puedo responder: “por supuesto que no, síganlo usando, no hay ningún problema”…

El escribir sobre esto me produce náuseas y un malestar indescriptible al comprobar la bajeza de ciertas personas y lo ruines y miserables que pueden llegar a ser…

El hecho es que estoy en el lugar menos indicado para una persona que lo que busca es pasar sus últimos días en paz y tranquilidad… Definitivamente estoy en el lugar equivocado y con las personas equivocadas y sin tener otra opción para poder salir de aquí. Solo me queda el recurso que siempre llamé el “Fast Track” o la soga en mi cuello y así ponerle fin a tanta miseria humana.

De haber sabido que me encontraría con esta humillante y deprimente situación estoy seguro que hubiese adelantado mi partida al “otro mundo” desde donde me encontraba y me hubiese ahorrado toda esta cadena de sinsabores y humillaciones principalmente de parte de mi hija Vanessa, quién no pierde oportunidad para enfrentarme y retarme por cualquier tontería.

A veces pienso que todo pasa por una razón específica, que nada escapa al Orden Divino y que yo tenía que pasar por esta detestable experiencia, tal vez para purgar algunas de mis deudas pendientes, o quizás para comprobar en carne propia lo que es vivir al lado de unos seres de tan baja calaña, miserables y ruines como lo son Gretty y Vanessa, un par de hienas salvajes que se disfrazan en las redes sociales de personas amables, caritativas, cristianas y de buenos sentimientos, cuando la realidad es diametralmente opuesta y así lo pude comprobar con el solo hecho de estar con ellas bajo el mismo techo.

Debo aclarar que mi presencia en esa casa ha sido estrictamente en calidad de “refugiado”, de homeless, como alguien que recibe a un familiar en desgracia, enfermo, sin casa… de pura caridad humana pues ellas conocen de mi condición de salud y de mis limitaciones económicas.

Sin entrar en profundidad y detalles en la manera de vivir de cada quién, al menos se deben tener unas condiciones mínimas de respeto, de honradez, de cordialidad, de higiene, de aseo y de limpieza que incluso dentro del hogar más humilde son respetadas y mantenidas por sus integrantes y habitantes.

El caso es que en esta casa no existen ninguna de esas reglas y se “vive” en un ambiente “enrarecido” y salvaje por decir lo menos; no hay respeto por las cosas ajenas, si dejo unas chancletas o un paño lo toman y se apropian de él… y se molestan si pregunto por mi pertenencia… si dejo agua potable (comprada por mí) en la nevera (mi nevera que vino en mi mudanza pero que ellas se adueñaron) desaparece y se hacen cómplices para justificar su desaparición, lo que me ha obligado a tener el agua en la habitación que duermo y tener que tomarla a temperatura ambiente, lo que en Barinas es casi que una sopa caliente. Si tomo un cubierto para comer de los que pertenecían a mi mudanza, de los que traje de Montalbán en el 2014, de inmediato Vanessa lo va a buscar, un día le dije que ese cubierto (aclaro que no son de plata ni de ningún metal precioso) era de mi Mamá y que yo lo quería tener en el cuarto y eso hizo que se le “volaran los tapones” (literalmente) pues se puso como una loca, como una energúmena (una vez más) temblaba de la ira y comenzó a insultarme, a decirme que yo era un DESAGRADECIDO por mi manera de actuar, que no reconocía la ayuda que ellas me estaban dando…, que como se me ocurría decir que esos cubiertos eran míos!!!!! Que si acaso yo los había traído de Caracas solo para guardarlos en su casa, y así una serie de incoherencias a las que ni siquiera quise responderle pues estaba literalmente Endemoniada… solamente le dije que me dijera lo que ella quisiera pues estaba en su casa y tenía todo el derecho de expresarse y luego de repetir las mismas cosas, que si yo pretendía llevarme todas mis cosas, que yo era un malagradecido, que yo solo veía las cosas desde mi óptica y desde mi interés (egoísta habrá querido decir) para yo después decir, según sus palabras, qué ellas eran las malas, es decir ella pensó y habló por mí también… estaba poseída!!!!! incluso sacó a relucir lo del televisor (televisor de mi propiedad que ya comenté en estas líneas) que si cuando llegué del páramo pregunté por mi televisor !!! que ellas lo estaban usando y que yo pretendía quitárselo!!! no dije nada y solo pensé que manera tan descarada de apropiarse de las cosas ajenas y después girar la tortilla, parecía no estar en cuenta que yo tengo aquí cuatro meses sin televisor, pues a la respuesta retadora de ambas cuando llegué preguntando por mi TV, ellas respondieron de manera airada: ¿es que acaso nos lo piensas quitar? Yo simplemente les respondí que no había problema y que lo siguieran usando… y en ese momento decidí tragar grueso y sacrificar mi televisor en aras de mi tranquilidad en ese lugar, no obstante en algún momento les aclaré que si yo conseguía a donde mudarme si iba a necesitar el televisor y que sería bueno que se prepararan llevando a arreglar el de ellas, y yo mismo les llevé el televisor dañado para hacer un presupuesto de la reparación, pero el técnico dijo que no tenía reparación pues le sacaron un pieza muy costosa que no se consigue, la fuente de poder o algo así. Como todo lo de esa casa, lo destruyen, lo destrozan, lo dejan inservible. Quiero acotar que yo traje de Caracas unos cuatro ventiladores, incluso uno casi recién comprado marca Taurus, pues todos los destrozaron y él único que sirve lo tienen los gatos para refrescarles su habitación y yo no tengo ventilador para mí… esto también se cuenta y no lo creen, pero es la pura verdad.

El tema del agua para el uso y aseo diario es un tema aparte, pues en esa casa no hay servicio de agua “normal” como se acostumbra en los lugares que yo solía habitar. Es decir que NUNCA hay agua en los grifos… Recién llegado del páramo me solicitaron una colaboración (una más), que de inmediato les entregué, para arreglar el problema de la bomba de agua, pero nunca se solucionó el inconveniente y nunca supe el destino de mi colaboración. Aquí se debe comprar el agua en cisterna y guardarla en pipotes y envases plásticos, que están en el medio de la sala de la vivienda, y para bañarse o lavarse se debe recolectar con unos sucios envases y trasvasarla en algún recipiente para llevarla al baño y poderse asear. La poceta no funciona y yo debo orinar en unos envases plásticos de refrescos y botar el contenido en el sucio patio trasero de la vivienda. Estos potes donde orino trato de cambiarlos con regularidad pues no hay agua suficiente que me permita al menos enjuagarlos y la hediondez que despiden es tan grande que no es nada agradable ni siquiera para ser comentado en estas líneas. Para evacuar es una odisea y a veces duro hasta tres días sin “desocupar mi cuerpo”…

He sido sometido a las más grandes humillaciones y reprimendas hasta por un tobo de agua. Si así como lo leen “por un tobo de agua” y páso a detallar ese caso; un día llovió fuertemente y yo aproveché de llenar una paila de 20 lts. En una canal en el patio. Me moje bajo la lluvia y debí cargar los 20 lts. Hasta el baño para disponer de esa agua en mi aseo personal, el hecho es que usé solo la mitad y dejé en el baño unos 10 lts para terminar de asearme después de comer. Cuando fui nuevamente al baño ya no estaba el pote y cuando se me ocurrió preguntarle me respondió airada que si acaso ya no había terminado de asearme y que ella lo había usado, pasando por alto el pequeño detalle que era un agua de lluvia recolectada y cargada por mi persona para mi uso… esa no fue razón suficiente para su irrespeto y desfachatez. Ese mismo día después de comer, se me ocurrió enjuagar el plato donde comí con un poco de agua, y al percatarse ella de que yo había lavado mi plato me increpó y gritó que dejara que ella lavara mi plato para evitar mucho gasto de agua de mi parte… Toda una locura producto de una mente desquiciada y malsana… Ahora que lo estoy escribiendo caigo en cuenta que el envase de donde tomé el agua para lavar mi plato, es el mismo que ella me “arrebató” del baño y ni siquiera por eso tuvo la decencia de quedarse callada, al menos por esa vez. Yo casi nunca me baño allí pues la última vez que le pregunté si podía hacerlo me dijo con cara de pocos amigos que sí, pero que tratara de usar poco agua… No me jodas malnacida (me provocaría decirle…) pero lamentablemente no puedo y debo bajar la cabeza y asimilar el golpe sin quejarme…

Las labores de cocina se hacen realmente complicadas y difíciles por la misma carencia del vital líquido y cuando cocina Vanessa lo hace sin ninguna condición mínima de higiene o limpieza, rodeada de gatos que saltan sobre la mesa y sobre los alimentos, a los que no se les puede llamar la atención de ninguna manera, pues eso desata la furia de Vanessa, quién cuál energúmena me increpa desafiante y retadora que esos son sus HIJOS y que esa es su casa y que ellos estaban en esa casa primero que yo… Así como lo están leyendo, yo no le respondo absolutamente nada y me repliego a mi “celda” para evitar una confrontación que tengo perdida de antemano, pero esa es la triste realidad que me ha tocado vivir y que no le deseo ni a mi peor enemigo.

 

(Continúa…)

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