Nuevamente en el lado oscuro: “hambre, sudor y lágrimas”…

Aquí estoy, escribiendo para drenar mis angustias, quizás para buscar fortaleza y tratar de seguir adelante en medio de tantas adversidades…

el ser resplandece

La tómbola de la vida sigue girando y vuelvo a estar en un lugar conocido, tétrico y lúgubre que he visitado muchas veces,… pero ahora con un ingrediente adicional, un enemigo “invisible” llamado Covid-19 que ha generado una pandemia mundial y una situación de aislamiento social, lo que realmente no es nuevo para mi pues ya estoy acostumbrado a ese confinamiento (auto impuesto) al que estoy sometido desde hace cierto tiempo, pero en este caso y por efecto de la cuarentena social decretada por las autoridades venezolanas, incluyendo el cese de todas las actividades laborales y comerciales (no esenciales o indispensables) se ha generado una escalada “brutal” en el precio de los alimentos básicos y servicios en todo el país, son aumentos sobre aumentos, una especulación inmoral que no hay nadie que la pueda detener pues siempre existirá una justificación, un argumento para tal despropósito, que si el “aumento” del dolar, que si el costo de reposición, que si las dificultades y precios que deben pagar por el combustible, la hiperinflación, la expectativa negativa de desabastecimiento, o la más trillada del “libre mercado” la ley de la oferta y la demanda…

Mientras tanto el ciudadano venezolano común (el pueblo) comienza a sentir la incapacidad para poder adquirir sus alimentos básicos y de cubrir sus necesidades primordiales…

En mi caso personal, desde el inicio de este año 2020 había logrado una pequeña estabilidad económica gracias al ingreso que me generaba el alquiler de un pequeño espacio frente al lugar dónde vivo. Era un pequeño aporte diario que recibía en moneda o en productos que vendían cómo frutas, verduras y legumbres y que sin dudas me permitían aliviar mis necesidades alimenticias. Todo esto quedó sin efecto, pues a raíz de la cuarentena y los problemas de combustible, no volvieron a abrir el negocio y con ello cesó mi “ingreso” de supervivencia.

Como si esto fuese poco, mi cuenta del banco quedó bloqueada, sin poder usar mi tarjeta de débito ni tampoco realizar movimientos o transferencias desde la pagina web de la entidad pues me da un constante aviso de “Usuario Inactivo”, traté de contactarlos por vía telefónica y no hay ninguna manera para solucionar este inconveniente hasta que vuelvan a reabrir las oficinas para acudir personalmente a ella y solucionar la inhabilitación como usuario y el bloqueo total de mi cuenta.

No tengo agua potable ni posibilidad de poder pagar las sumas exorbitantes que piden en dólares para poder recibir 500 litros del preciado líquido, así que no solo tengo problemas de higiene y aseo personal, sin poder cumplir con la importante recomendación de “lavarse frecuentemente las manos” si no también dificultades con el vital líquido para tomar y para poder cocinar un poco de arroz y lentejas que es el “menú” de sobrevivencia que he venido consumiendo desde hace ya mucho tiempo.

A esto le podemos agregar las constantes suspensiones del servicio eléctrico, hasta por seis y nueve horas diarias (sin aviso y sin protesto) así como a los severos “bajones” y “picos” en el irregular y deficiente suministro eléctrico en la zona donde habito (Barinas), han traído como consecuencia el daño de mi equipo de aire acondicionado sin posibilidad de pensar en una eventual reparación del mismo.

O sea que de aquí en adelante no me queda más que aguantar el insoportable calor que a veces llega a una sensación térmica de 40º centígrados sin contar ni siquiera con un ventilador para poder “mover” el aire caliente y de paso espantar la plaga de mosquitos que no dan tregua ni siquiera en época de cuarentena.

Lo que viene es “joropo” y yo sin alpargatas… solo, sin dinero, sin agua, esto será “hambre, sudor y lágrimas”.

Me encuentro “asustado” (nervioso – ansioso) muy triste, desmotivado, angustiado, deprimido por toda esta situación general y la mía en particular, en total soledad, sin trabajo sin ingreso económico para subsistir, en una ciudad para mi extraña y hostil, lejos de mi terruño, de mis amistades y familiares. Estoy aferrado a la oración y la meditación en la mayor parte de mi tiempo, no obstante las carencias básicas como el agua, la comida, el dinero, no pueden escapar de mis pensamientos y preocupaciones diarias… No es fácil lograr conciliar el sueño y cuando finalmente caigo rendido por el cansancio sufro o las peores pesadillas o suelo soñar con comidas y con situaciones que lejos de propiciar un descanso reparador me generan mucha angustia, nostalgias o recuerdos de mi “otra vida”. Los episodios de llanto son algo común y frecuente en mi día a día.

Me siento muy débil tanto emocional como físicamente, mi alimentación es muy precaria, sin ninguna proteína animal desde hace mucho tiempo lo que me ha llevado a un estado de desnutrición severo y ahora comienzo a deshidratarme por falta de agua, pues debo racionar la poca agua que he logrado conseguir. Siempre he sido de contextura delgada, hablando coloquialmente “flaco” pero en estos momentos solo quedan huesos recubiertos con “pellejo”… evito a toda costa verme en un espejo pues lo que allí veo reflejado representa a un “muerto en vida” o la imagen de un cadáver.

Lo que no puedo evitar es ver como “me sobra tela” (o me falta cuerpo) cuando me pongo un pantalón; no tengo idea de cuanto estaré pesando pero lo que si sé es que el cinturón (la correa) para sostener los pantalones, le faltan agujeros para poder lograr su objetivo y he tenido que abrirle otros nuevos para poder conseguir sostener los pantalones sin que se me caigan.

agua

A mi mal aspecto físico le debo agregar mi falta de aseo personal y desaliño evidente, sin poder afeitarme, con una barba poblada tipo “Reverón” digna del mejor indigente… al tacto mi piel es pegajosa y despido un olor que nunca formó parte de mi y que solo denota la falta de una buena ducha con abundante agua y jabón, pues ya ni siquiera logro recordar cuando fue la última vez que me pude bañar con un tobo de agua completo (tipo vaquero), tal vez fue hace más de tres semanas, pues aquí en esta vivienda nunca llega agua por tubería en condiciones normales. Cuando tengo algo de agua solo me puedo limpiar mis partes íntimas o dicho en “criollo” solo me puedo “lavar los rincones” con un poquito de agua y jabón. Lo que si puedo recordar es que la última vez que tomé una ducha refrescante (como Dios manda) fue hace cómo tres años, por allá en el año 2017 cuando trabajaba en el hotel y tenía el privilegio de poder disfrutar de un baño para mi uso personal.

Al comenzar a escribir esta “reflexión” decía que tal vez escribo para “buscar fortaleza y seguir adelante” pero ahora que escribo (y leo) el párrafo anterior realmente pienso si puede existir algo peor a lo que estoy viviendo… y pienso que Noooo!!!! no creo que ni la muerte o el infierno puedan ser peores que toda esta dantesca situación por la que estoy atravesando y que “con sus bemoles” he tratado de soportar durante mis últimos tres (03) años de vida.

No es nada alentador el panorama que logro vislumbrar en mi futuro inmediato y realmente no estoy seguro de poder superar esta nueva circunstancia adversa que se me presenta.

Solo puedo intuir “hambre, sudor y lágrimas”…

Creo que si no muero por el Covid-19 moriré de mengua, sediento, sucio y sudoroso, pensando (y soñando) con comida, extrañando y agradeciendo todo lo que pude disfrutar en mi larga vida

Siempre he pensado que el primero de mayo puede ser una buena fecha para morir…

Amanecerá y veremos.

Que Dios me perdone, me ampare y me proteja.

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