¿Por Qué tanta hostilidad? ¿Qué se siente «destilar» tanta rabia y odio?

¿Que se siente al agredir, humillar y atacar a una persona que no se puede defender?

¿Acaso su manera de demostrar autoridad y superioridad es humillando al débil?

Disfrutas humillando y vejando a quién por muchos años compartió su morada contigo,

Insultas y amenazas a quién te brindo seguridad económica y familiar por muchos años…

Disfrutas demostrando abiertamente tu hostilidad, rechazo e incomodidad por la presencia en tu casa del padre de tu hija, que además de haber sido tu esposo, es tu «pariente» por parte de tu papá.

Ese que ahora se encuentra en desgracia, sin trabajo, sin vivienda y no obstante estuvo presto a cuidar tu casa durante tu ausencia por tres largos años, desde el 2018 al 2021.

Cuando volvieron pensó que tal vez podrían vivir en paz pero estaba EQUIVOCADO!!!

Le recuerdas diariamente, de manera grosera y desconsiderada que esa NO ES SU CASA, aunque él te manifiesta con humildad y vergüenza que se encuentra allí por no tener otro lugar donde pasar sus últimos días…

Recuerda que «con la misma vara que midas serás medida» y que no hay nada oculto a los ojos de Dios (y de los demás cuando puedes dejar una evidencia escrita como la presente)

¿Que se siente humillando y vejando a una persona para luego pedirle disculpas?…

Y así repetir ese círculo vicioso y tóxico todos los días, HUMILLAR y VEJAR para luego disculparse.

Recuerda que ese «infeliz» que hoy humillas fue «tu seguro proveedor» durante casi veinte (20) años, durante los cuales nunca tuviste necesidad de trabajar pues él se encargaba de proveer todo lo necesario para ti y tu hija: vivienda, comida, ropa, estudio, medicinas, esparcimiento, etc. etc. y aún después de divorciados las siguió ayudando económicamente a ambas, incluso después de la mayoría de edad de su hija, la siguió ayudando cuando se casó y parió a los diecisiete (17) años, le pago sus estudios universitarios y la siguió ayudando con su hijo (mi nieto) cuando se divorcio.

Sabes que ese hombre que vive «arrimado» en tu casa, tiene allí todas sus pertenencias y enseres que se trajo cuando debió vender su apartamento en Caracas y ustedes accedieron gustosamente a recibir todas sus pertenencias y además decidieron hacer uso y usufructo de las mismas.

¿Cuál es el placer de comenzar el día batiendo y azotando con furia las puertas (de tu casa), maldiciendo o emitiendo sonidos y gestos de molestia y desagrado? ¿Por qué debe lanzar y golpear las ollas con ira y maldad? (ollas que no son de su propiedad), lanzando la puerta de la nevera (que usted no compró) con que otra velada intención que no sea la de «molestar» y agredir a su propietario quién gentilmente permitió que la usaran en común y te ha pedido reiteradamente que no es necesario golpear así la nevera y usted insiste en hacerlo con más fuerza. ¿Acaso eso habla bien de su personalidad o solo pone en entredicho su estabilidad psicológica y emocional? o tal vez piensa que ¿golpeando la nevera lesiona y agrede al dueño de la misma?

¿Que se siente cuando humillas y arrinconas a una persona que no tiene otro lugar a donde ir?

¿Que sentirás cuando ese hombre «despreciable» se quiebre ante tantas humillaciones y vejaciones y solo tenga el suicidio como única salida?

¿Que sentirás cuando salgas un día al patio y veas colgado su huesudo cuerpo de una soga, pues será su único «salvoconducto» que le permitirá escapar de tus humillaciones y solventar su problema de vivienda?

Realmente piensas que ese hombre se merecía todo lo que reiteradamente le brindaste, las humillaciones y desplantes, las amenazas y vejaciones constantes, las burlas y bromas de mal gusto…

¿Que sentirás al saber en tu «interior» que con tu hostilidad fuiste la causante de ese fatal desenlace?

¿Podrás cargar tranquilamente en tu conciencia con esa muerte provocada y «anunciada»?

¿Piensas que todo quedará como una desacertada decisión visceral de un sexagenario enfermo y desahuciado?

Pues precisamente para eso escribo esta «crónica de una muerte anunciada»…

Y recuerda que todo lo que aquí se hace aquí se paga, no hay deudas que no se cobren o facturas condonadas, todas deberán ser honradas ante los ojos de Dios, más temprano que tarde la justicia Divina se hará presente de manera implacable e inexorable, de ella nadie tendrá escapatoria.

De antemano, espiritualmente te perdono (para que tu misma te perdones) te perdono como manda Jesús: hasta setenta veces siete, no obstante por mi condición propia de pecador imperfecto deseo que todo lo que hoy me haces a mi retorne a ti multiplicado hasta setenta veces siete, de manera inexorable, personalísima e intransferible según la palabra de Dios y el sagrado Orden Divino.

Paz y bien.

Víctor Federico

P.D. También puede leer este post: VOLVIERON relacionado con esta publicación.

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